México una sola realidad en dos vertientes distintas

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No me había puesto a observar ese México profundo, que los medios de comunicación y la publicidad ocultan, ese México que es la fuente de la cual se sustraen los recursos para hacer posible el crecimiento del otro lado de la moneda; el México imaginario, el urbanizado, exclusivo y moderno al que todos desean pertenecer.
El pasado 22 de septiembre siendo exactamente las 16:51 hrs, me dirigí al mercado Benito Juárez, el cual se encuentra ubicado en la ciudad de Oaxaca de Juárez Oaxaca, en la Calle Miguel Cabrera, justo al lado del mercado veinte de Noviembre, con el objetivo de comprar hojas de ruda.
Mi paso por el mercado no paso de los nueve minutos, donde pude apreciar una gran variedad de artículos, como ropa, bolsas, zapatos, comida, bebidas, frutas, verduras, hierbas de múltiples usos, entre otras, ubicados en pequeños locales.
Los olores del mercado eran muy peculiares e iban en relación con la sección en la que me encontraba; pude notar que los pasillos eran pequeños, la gente gritaba invitando a los turistas y locales a adquirir sus productos; así mismo pude encontrarme con personas de vestimenta humilde, algunos lucían ropa típica y otros más se vestían de forma casual; inclusive había personas hacían notar sus tatuajes y caminaban de forma rara y algo sospechosa.
En mi transcurso por el mercado me encontré al igual con una persona que tenía un olor desagradable, vestía pantalones sucios por debajo de los glúteos, y miraba a las personas de forma amenazante, mientras gritaba insultos.
Fue aquí, cuando me di cuenta que existían dos realidades y que mi México podía entenderse como las dos caras de la moneda, donde sin duda alguna, el México profundo se ve como algo humilde, peligroso y amenazante. Que forma parte de una realidad a la que muy pocos quieren pertenecer, y de la que los mexicanos no se sienten orgullosos. Y por otro lado, está el México imaginario, al que todos aspiran porque no está al alcance de todos, por brindar exclusividad, por ser lujoso y tener espacios limpios y seguros.
Tomando en cuenta este contexto, decidí analizar el México deseado, aquel que todos aman y nadie rechaza, por lo que siendo las 14:00 hrs del día 30 de Septiembre, ingrese al Centro comercial Angelópolis, ubicado en Boulevard del Niño Poblano número 2510, colonia Concepción La Cruz, en la ciudad de Puebla.

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Mi impresión fue grande al darme cuenta que siendo el mismo México, me encontrara como en un sueño. Rodeada de tiendas de prestigiadas marcas como Palacio de Hierro, Liverpool, Prada, Scappino, Ivonne, entre muchas otras. Todas con aspecto limpio y olores agradables.
Las personas que laboran en los lugares lucían uniformadas y aseadas; por otra parte había personas que se dedicaban a hacer el aseo constantemente; asimismo encontré personas de seguridad y cámaras de vigilancia que brindan un plus más a la seguridad del lugar.
Por otra parte, pude notar que el centro comercial cuenta con una diversidad de actividades que el cliente puede realizar, desde tomar un café, ir al cine, comprar o inclusive comer.
Pude notar algo muy curioso dentro de la misma plaza, está se encuentra dividida en tres secciones; en la principal podemos encontrar prácticamente todas las tiendas de ropa de diversos rangos de prestigio; la segunda sección es la parte de la comida; y la tercer sección tiene un nombre distinto Luxury Hall; esta última fue la que mayormente capto mi atención, ya que en los pasillos no había tantas personas, las tiendas eran de gran prestigio, las personas vestían de forma más formal, y el aspecto del lugar era elegante a comparación con la secciones antes mencionadas.
Decidí sentarme a tomar un café en Starbucks que se encontraba en la sección Luxury Hall, el ambiente era tranquilo, las personas tenían un aspecto aseado, podía darme cuenta a simple vista que su ropa y accesorios eran de marcas reconocidas. Inclusive la joven que me atendió de nombre María tenía un reloj de la marca Lacoste.
El servicio en el lugar era bueno, María tenía tono amable y mostró siempre en su rostro una sonrisa; al ver la simpatía decidí preguntarle ¿Normalmente que personas frecuentaban el lugar? a lo que respondió “el 60% de los clientes son jóvenes como tú con sus amigos, 25% son personas mayores que después de comprar en las tiendas quieren relajarse con un café o un panque, y el otro 15% son familias completas que vienen”. Por curiosidad le pregunte si notaba una diferencia entre las personas que se encontraban ahí con las que se localizaban en la sección principal donde podemos encontrar más variedad y precios un poco más accesibles, a lo que aseguró que esa parte de la plaza era un poco más exclusiva y cara lo que originaba que no hubiera tanta personas en dicha sección de la plaza. Agradecí el café y me senté por un momento a disfrutar de él, mientras recordaba el capítulo “El nuevo rostro del México imaginario” del libro México Profundo, donde Guillermo Bonfil Batalla dice que hemos generado una expansión de un capitalismo salvaje y depredador, en el que no tenemos un proyecto a largo plazo.
Y caí en cuenta en que vivimos en una aparente realidad en la que por expansión de la población, muchísimos de los mexicanos residen en centros urbanos, y estos mismos deciden participar en prácticas del México imaginario, liderado por el capitalismo, generando así ambiciones y necesidades congruentes con el sistema y modelos imperantes, aspirando un mundo urbano al que no pertenecen.
Me pregunte ¿De dónde nace esa aspiración? Mientras seguía bebiendo mi café recordé la postura que tenía Herbert Marcus, con respecto a la publicidad y los medios de comunicación, donde afirma que estos juegan un papel muy importante que contribuye a la consolidación del México imaginario. Donde en lugar de liberar al individuo, lo reprime.
Me puse entonces analizar ¿por qué no ocurría este mismo fenómeno con el mercado? Y con respecto a lo dicho por Marcus de los medios de comunicación recordé que los medios de información masiva tienen una mayor incidencia en quienes participan en el México imaginario, porque precisamente está diseñado para llegar a ese público meta, lo que da como resultado una notoria desigualdad al emitir un mensaje con los distintos sectores de la sociedad mexicana. Ya que su visión no incluye al México profundo.
Entre reflexiones termine mi café y decidí ir a Palacio de Hierro, que se encuentra en la sección principal de la plaza, en este lugar las personas vestían elegantes; inclusive, pude notar que las personas que más frecuentaban el lugar eran familias completas o adultos, no era muy común ver a jóvenes o niños caminando solos por la tienda.
Al entrar lo primero que escuche decir por parte de una señorita que laboraba en el lugar fue “Le puedo aplicar la nueva fragancia de Miss Dior, en la compra del perfume le estamos obsequiado su miniatura”; por simple curiosidad pregunte el precio, a lo que la señorita sonriente dijo “ahorita lo tenemos en $3100.00 al contado, ¿cuenta usted con la tarjeta Palacio de Hierro?, le dije que no la tenía y en seguida comentó “se la podemos tramitar si gusta”, me sentí un poco comprometida y decidí dar las gracias y continuar observando en la tienda.
Camine aproximadamente 30 minutos viendo los precios de ropa juvenil de distintas marcas reconocidas; me acerque a preguntarle a una señorita que rango de precios manejaban a lo que respondió con tono amable “depende de la marca, puedes encontrar desde los $500.00 a los $10 000.00, o más, ¿qué es lo que estás buscando?” Le conteste que únicamente estaba viendo y agradecí la información.
Al finalizar la breve platica que tuve pensé en que Palacio de Hierro es una tienda que frecuentan muchas personas de distintos niveles económicos, y profundizando un poco en el tema recordé que de acuerdo a lo establecido por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, lo que gana un persona es $ 80.04, por lo que para comprarse una blusa de $500.00 que es de los precios más bajos que maneja la tienda, tendría que trabajar al menos seis días, y si a esto le sumamos las necesidades básicas que tiene una persona como la comida y el transporte, los días aumentarían notablemente, esto considerado a un ser que ve únicamente por sus intereses; los padres de familia tendrían que velar por sus necesidades y por las de sus familiares, lo que aumentarían aún más los días para poder adquirir una blusa de $500.00 en esta tienda.
Y justo esto es lo que Marcuse trata de explicar en su obra “El hombre unidimensional”, donde asegura que el individuo trabaja con el objetivo de satisfacer necesidades innecesarias, renunciando de ese modo a su libertad y subordinando su felicidad. Ya que pierde su dimensión critica del sistema y se centra en formar parte de una sociedad que aspira a pertenecer a un México imaginario.
Es así como sorprendentemente hemos dejado de criticar aquello que nos rodea, y nos hemos convertido en esclavos del sistema, generando una comparación entre las dos caras de la moneda existentes de lo que solo debería ser una sola realidad, un solo horizonte, un solo México.

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